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viernes, 22 de abril de 2016

Sra. Grande

Hoy miré mis manos y vi las manos de una "Sra. grande", las mías!, y en ese momento pensé y si, ya sos grande. Me  puse a pensar como estaba experimentando el paso del tiempo, como sentía ir creciendo y con el transcurso de los años he cambiado la manera de ver la transformación física,  en el pasado he estado peleada, jaja, quizá le temía!, ahora me siento amigada y en armonía con como y quien soy en este momento, el otro día me reía porque me puse a bailar en casa y mis hijos se sonreían y hacían caras...jajaj tan ridícula me veían!!!pero es así....cuando yo era adolescente también me daba gracia la manera de bailar de mis padres.... los veía bailar con cara de re conectados con la música y los movimientos! jajaj pero digo, quien dice que esta forma de bailar es ridícula?
y hoy estoy así contenta con este presente, con mi experiencia de vida, con el camino recorrido, y con la familia hermosa que tengo, que por supuesto nada de todo esto es "perfecto", ni como "debería" ser según no sé quien!, pero es perfecta para mi!



miércoles, 3 de junio de 2015

Viajar liviana

Hoy me dí cuenta, que mi cartera estaba semi vacía, y que desde hace un par de días así estaba, y me dije "decidi viajar liviana", sin bolsito lleno de cosas...de esas cosas que las llevaba en caso de que las necesitara.....de la agenda......que muchas veces iba y venía sin ser abierta....y sin el libro que estoy leyendo y lo llevaba para leer en el viaje y la mayor parte de los días no lo hacía y a la noche comentaba, "lo saqué a pasear!"... todo eso me pesaba....quiero ir liviana por la vida.....dejar cada cosa y cada situación en su lugar, incluyendo los problemas......
Porque también me di cuenta que lo único que ganaba era estar agotada de llevar no sólo sobre mis hombros sino en mi corazón toda la preocupación, quiero poner la atención a cada momento presente como es, tal cual es y ocuparme de cada cosa y cada situación en el momento que lo necesite....quiero estos días estar liviana, estar presente y agradecida.
Clr. AT

martes, 16 de septiembre de 2014

Eleva tu autoestima


Quererse, valorarse, aceptar el propio cuerpo es un trabajo cotidiano que se puede aprender. Aquí, algunos consejos para lograrlo; tomá nota.


Todo aquello que configura nuestra personalidad está permanentemente siendo sometido a la mirada de un 'evaluador' que luego procesa esa información y la traduce en una emoción, sensación u opinión de nosotros mismos. Eso es lo que conocemos como autoestima: estimar es apreciar, poner precio, evaluar, juzgar, creer. Es la sensación de cuánto valemos para nosotros mismos. ¿Mucho, poco, nada? ¿Cómo se mide ese valor? No hay fórmulas matemáticas, pero podríamos pensar que esta sensación surge de la relación entre las pretensiones que tenemos y los éxitos reales que obtenemos. 

La autoestima se aprende y evoluciona a lo largo de las etapas de la vida. Si nosotros cambiamos, entonces es perfectamente lógico que nuestra autoestima cambie con nosotros. Un día te levantás y te sentís Dolores Barreiro, y te animás a ponerte una pollera un poco más corta que de costumbre, y al día siguiente no hay nada que te haga sacarte las pantuflas y esa remera ancha de cuando estabas gorda. Aceptar el hecho de que lo que pensamos de nosotros mismos puede ser tan variable como el clima, nos soluciona gran parte de los problemas. Hoy podés sentir que nunca vas a lograr lo que querés, que no servís para nada y que todo te sale mal. 

Ese es el juego que tenemos que aprender a jugar: saber entender las reglas del 'sube y baja'. Hoy podés estar abajo pero con un empujoncito de tus pies podés estar arriba de nuevo. Sólo hay que decidir cuándo es el momento para darnos el impulso.

Cómo desarrollar una autoestima sana

Autosuperarnos: Podemos ir cada vez por más. Si hace diez años que venís haciendo lo mismo, esa no-dificultad seguramente no te reporte ninguna satisfacción a nivel personal. Y tus días pueden ser percibidos como algo chato, plano, poco adrenalínico. Y el sube y baja puede inclinarse hacia abajo. Ponerse pequeños desafíos es ir subiendo, peldaño a peldaño, una escalera que no tiene límites. Es expandirnos creativamente y afirmarnos en nuestras capacidades. 
Cambiar las posturas corporales: La postura encorvada o de hombros caídos no va más; se impone el estar erguida- y acá no importa si tenés mucho, poco o nada que mostrar-. No es un 'me llevo el mundo por delante', sino un 'acá estoy yo'. Esta postura favorece la confianza en uno mismo y en sus potencialidades. 
Cultivar las emociones positivas: Nos genera cierto alivio pensar que eliminando de nuestras vidas las emociones negativas -el temor, la tristeza, la ira- automáticamente crecen las emociones positivas. Pero lamentablemente esto no sucede: tenemos que aprender a cultivar y desarrollar esas emociones que nos hacen sentir bien.

Los seis pilares de la autoestima

Nathaniel Branden, el gurú de la autoestima a nivel mundial, define los seis pilares en donde se apoya una autoestima sana. 
1) Vivir conscientemente: si vivimos en piloto automático, no registramos aquellas cosas que hemos logrado y, al no hacerlo, no las incluimos en el concepto que tenemos de nosotros mismos. Tampoco irnos al extremo de la autoobservació n continua, porque eso conduce al aumento de cada mínimo defecto y nos vuelve torpes (y obsesivas). 
2) Autoaceptación: asimilar las malas noticias sobre nosotros mismos -fracasos y rechazos- como algo de poca importancia en nuestra vida y enfocarnos en aquello que debemos hacer para mejorar (si consideramos que corresponde) . 
3) Responsabilidad: implica hacer juicios realistas sobre qué puedo o no puedo hacer, qué recursos tengo y cuáles no. Hacernos cargo de aquello que no nos salió bien, pero también felicitarnos por lo que sí. 
4) Autoafirmación: el sometimiento es bueno cuando el enemigo es poderoso, pero no puede ser una estrategia a largo plazo, porque hace mal a la salud física y mental. Hay que animarse a molestar y aguantar que la armonía se rompa (aunque sea por un rato). 
5) Vivir con propósito: para no sentir que la vida nos pasa por delante y nosotras nos quedamos paradas mirándola, es importante pensar en nuestros objetivos. La zanahoria que nos vuelve conejos, que nos determina el foco y la dirección de nuestras conductas. 
6) Integridad personal: implica encuadrar lo que hacemos y lo que somos en un plan más amplio, sostenido con valores. Da un poco de trabajo, pero rinde mucho.
 Clr. Andrea Turdera

jueves, 21 de agosto de 2014






  •  No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón. Porque si no, ¿cómo el encuentro con una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? (…) Así, marchamos un poco como sonámbulos, pero con la misma seguridad de los sonámbulos, hacia los seres que de algún modo son desde el comienzo nuestros destinatarios.
  • Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas

martes, 24 de diciembre de 2013






He aquí siete recomendaciones para ayudarte a trascender esas arraigadas ideas de la vanidad. Todas ellas están destinadas a evitar que te identifiques en una clave falsa con el ego y la vanidad.
1. No te sientas ofendido
La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu universal de la Creación. 
No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz. Como nos recuerda A Course in Miracles [Curso de milagros]: «La paz es de Dios; quienes formáis parte de Dios no estáis a gusto salvo en su paz». Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.
2. Libérate de la necesidad de ganar
Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque, en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo.
Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes por qué estar allí con tus pensamientos. No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía. Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día.
Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder. Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.
3. Libérate de la necesidad de tener razón
El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. 
Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: «No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad». 
Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto cómo acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: «¿Qué quiero? ¿Ser feliz o tener razón?». Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente universal empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves.
4. Libérate de la necesidad de ser superior
La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. 
Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: Todos somos iguales ante los ojos de Dios. 
Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a Dios revelándose en todos. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros baremos impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. 
Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. A Course in Miracles habla de esa necesidad de ser especial y superior: «El sentirse especial siempre establece  comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y que se mantiene buscando y no  perdiendo de vista las carencias que puede percibir».
5. Libérate de la necesidad de tener más
El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. 
La Fuente universal está satisfecha de sí misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio san Francisca de Asís: «... es dar cuando recibimos». Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.
6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros
Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo. Dios escribe toda la música, Dios canta todas las canciones, Dios construye todos los edificios. Dios es la fuente de todos tus logros. Y ya oigo las protestas de tu ego, pero sigue sintonizado con esta idea. Todo emana de la Fuente.
¡Tú y tu Fuente sois uno y lo mismo!
No eres ese cuerpo y sus logros. Eres el observador Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada. Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros más conectado estarás con las siete caras de la intención, más libre serás de conseguir cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te apegas a esos logros y crees que lo estás consiguiendo tú solo es cuando abandonas la paz y la gratitud de tu Fuente.
7. Libérate de tu fama
La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. 
Así funciona el ego. Es una ilusión que se alza entre ti y la Fuerza de la intención. No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Haz lo que haces según  la orientación de tu voz interior, siempre conectada con tu Fuente y agradecida a ella. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en tí: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama; no tiene nada que ver contigo.
¡Lo que pienses de mí no es asunto mío
Extracto del libro "El poder de la intención" de Wayne Dyer